Comparto con uds mi reflexión sobre la discusión que surgió el último encuentro sobre la frustración. A lo largo de estas dos semanas fui ordenando las ideas y surgieron estas líneas.
La frustración no es una característica ni un rasgo de personalidad. Es la RESPUESTA frente a la FALTA. Surge del quiebre entre mi voluntad y la realidad; de la distancia entre lo que deseo y lo que sucede.
La frustración se ubica en el vacío de lo que no se da, lo que no se logra o lo que no se otorga.
Por lo tanto la frustración es la RESPUESTA AL RECONOCIMIENTO DE LA FALTA.
Las características de esta respuesta varían naturalmente en cada momento evolutivo.
No es la frustración en sí misma lo que genera conflicto sino el monto de tolerancia con el que contamos para hacerle frente. Aquello que se tolera o no, es la falta.
La tolerancia a la frustración tiende a aumentar, y así, la respuesta se modifica y evoluciona.
La INTOLERANCIA a la frustración revela la NEGACIÓN de la falta, la OPOSICIÓN, generalmente en forma de protesta, angustia, rabia. "No me gusta, no lo tolero, no es posible."
Por su parte, la progresiva adquisición de tolerancia a la frustración revela la ACEPTACIÓN de la falta, aún en presencia del disgusto y el malestar que ésta provoca. Es el equilibrio entre ambas respuestas. "No me gusta, pero lo tolero".
Es en función de todo esto que la frustración será productiva/positiva en función de nuestra tolerancia. Podrá obstaculizar nuestro funcionamiento o convertirse en motor para la búsqueda de nuevos caminos y soluciones alternativas.